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Urquiza en su relación con otros caudillos coetaneos

Los caudillos fueron jefes militares de orientación federal que ascendieron a los poderes provinciales electos informalmente por el pueblo debido a que se sentían identificados con ellos por el color local de la provincia. Además eran electos porque tenían las habilidades de organizar grandes cantidades de gente, ya que muchos eran estancieros que debían controlar a muchos trabajadores.

Por Nicolas Stirparo

La aceptación de los gobiernos provinciales a la autoridad de Urquiza no buscaba total unificación del estado porque buscaban respetar la ley fundamental. El sitema caudillista que seguia vigente en las provincias mantenía de hecho la unión sobre la base de lealtades personales al presidente electo. La política de Urquiza, desde los primeros momentos siguientes a caseros, fue la de manejarse con los elementos dominantes en las provincias sin llegar a enfrentamientos abiertos, lo que le permitió luego mantener la unión pese a los conflictos entre caudillos que mantenían al Interior, si no en guerra interna, por lo menos al borde de ella o en operaciones localizadas

Las facultades de Urquiza dependian del  apoyo de la provincia de Entre Rios y en el respeto que pudiera obtener de los otros gobernates.

Al ocurrir Caseros, los gobernadores de Rosas estaban en las provincias que no se plegaron al Pronunciamiento. A Urquiza le convenía mantener ese elenco. Elevar a los liberales provincianos era un suicidio político; a lo sumo podía sugerir a los gobernadores que diesen, a título de  fusión de partidos, un ministerio a algún doctor reformista como el caso de Valentín Alsina ante Vicente López .

Los gobernantes provinciales, al ser jefes de milicias, debían ser federales. En otras palabras, Urquiza no estaba dispuesto a romper con el precario equilibrio de fuerza en las provincias, heredada del pasado rosista y preferible a un avance de elementos liberales que tanto lo atacaban en Buenos Aires.

Seto causo que Urquiza se qudara tambien con los conflictos de las provincias que habian sido utiles para Rosas para evitar una union en su contra. Pero estos ya no constituian umna ventaja. Por esto hubo problemas en San Juan, donde el gobernador Benavides fue derrocado y sustituido en el cargo. El gobernador Celedonio Gutiérrez de Tucumán era atacado por la poderosa familia de los Taboada de Santiago del Estero, y si bien pudo ganar este ataque con la ayuda del gobernador de Catamarca, los conflictos entre ambos siguieron latentes a lo largo de 1853.


    Finalmente cuando Gutiérrez atacó Salta para vencer a su gobernador, pareció que se iniciaba la guerra civil en todo el noroeste. Una comisión pacificadora enviada por Urquiza llegó a la zona cuando Gutiérrez había sido derrotado.
    Las provincias cuyanas también se vieron afectadas. El repentino regreso a Mendoza de Domingo Sarmiento, a principios de 1854, hizo que corrieran noticias de que se había descubierto un supuesto complot. En Mendoza se estaría formando un ejército revolucionario con elementos chilenos y se habría obtenido el apoyo de Benavides y de los Taboada para unirse a Buenos Aires en el derrocamiento de Urquiza y lograr así la reorganización nacional bajo la dirección porteña. Finalmente Sarmiento fue arrestado y luego puesto en libertad por consejo de Urquiza para que volviera a Chile, pero todos estos hechos produjeron un efecto muy desestabilizador en las mencionadas provincias. Hubo también conflictos en Córdoba, donde Urquiza debió viajar a poco de asumir la presidencia; y en Corrientes, invadida desde Entre Ríos, lo que provocó una embarazosa situación a Urquiza, quien debió dar su apoyo al gobernador Pujol para restablecer el orden. Estos hechos demostraron la posición vulnerable del gobierno de la Confederación, la unión precaria entre las trece provincias, y la necesidad de Urquiza de mantener la lealtad de los caudillos utilizando la amenaza de reemplazo por un rival.

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