
El papel de la religión
No siempre la religión jugó el mismo papel en la sociedad, ni tampoco todas las personas tienen el mismo interés acerca de las mismas. Pero en estos días nos preguntamos, qué lugar ocupó la Iglesia en la vida de nuestro general Justo José de Urquiza.
Por Luciana Contreras
Al parecer Urquiza tenía más que una buena relación con el Papa, que en ese entonces era Pío IX. Aunque personalmente no se conocían, ellos tuvieron la oportunidad de comunicarse mediante cartas y el general a lo largo de su vida recibió varios obsequios enviados desde el Vaticano.
Esta relación comenzó cuando Justo José quiso construir una capilla dentro de su estancia, lo cual no estaba permitido, por lo que mandó a uno de sus hombres para que se realice dicha excepción. Uno de los fundamentos que expusieron ante el Papa era que la iglesia más cercana a su residencia estaba muy alejada de aquel, y que de esa manera no había posibilidad de evangelizar a trabajadores y participar activamente de la vida religiosa. Esta petición fue aprobada, se la construcción del templo y se lo nombró “San José” al igual que la estancia.




Imagenes de la Capilla del Palacio San José
Este santuario tiene varias curiosidades arquitectónicas, además de ciertos rasgos que lo caracterizan. Posee una cúpula octogonal pintada por Juan Manuel Blanes, un pintor uruguayo que representó en las imágenes “Los 7 Dolores de la Virgen”. Tiene también una imagen de San José en el centro del altar, el cual posee ciertas características diferentes a los actuales, ya que en esa época el sacerdote oficiaba la celebración de espaldas a los fieles y en Latín, por lo que un número muy reducido de personas entendían lo que se decía en la misa. Además, el templo tiene unas columnas que tienen “una trampa al ojo”, siendo que al ser vistas de lejos parecen acanaladas, pero al acercarnos podemos apreciar que están pintadas para causar dicha ilusión.
Hoy en día hay una habitación detrás de la capilla, donde se pueden observar los obsequios que recibió el Urquiza de parte del Papa Pío Nono. Algunos de los regalos que más se destacan son: una réplica de la pila bautismal de mármol de Carrara que podemos observar en el Vaticano, el busto de su santidad, el Papa Pío IX, reliquias como: pequeñas partículas de los huesos de San Cipriano y un fragmento de lo que fue la Cruz de Cristo del Monte Gólgota, entre otras cosas. Según historiadores, el Vaticano le envió estos regalos, ya que de cierta forma había un beneficio económico dado a partir del monopolio de ciertos productos, es decir que le facilitaba la exportación de bienes sin que tengan que pasar por la aduana de Buenos Aires que en aquel entonces tenía un control sobre los productos que ingresaban y salían del territorio. Por otro lado, el Papa le había vendido al General “el Perdón” hasta la tercera generación.